Tengo la sensación de que la Historia, con mayúsculas, ya ha sido contada hasta la saciedad y que hay poco margen para añadir hechos relevantes sobre conquistas, batallas, revoluciones o reinados harto conocidos. Tal vez yo esté equivocado y más de un historiador podría sacarme de mi error fácilmente, pero es lo que percibo: lo esencial de la narrativa sobre los grandes protagonistas ya ha sido divulgado.
Donde se abre un campo fértil aún por cultivar es en la historia, con minúscula, de los pequeños hombres –entiéndase bien el uso del adjetivo «pequeños»–. Esos que, sin estar presentes en los acontecimientos señeros descritos en los libros escolares, redactaron con sus vidas, más o menos discretas, la cara B de la Historia.
Aquí entrarían libros como Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, o Las máscaras del héroe, de Juan Manuel de Prada, donde el autor reconstruye la vida de escritores menores y bohemios del primer tercio del siglo XX. En esta línea incluiría también Raros testigos, de Vicente Echerri, publicado por la editorial Fulgencio Pimentel en junio de 2026…