En Pataslargas, de Matthias Picard, se alían con virtuosismo el modelado, la fotografía, el dibujo… El resultado es un álbum mudo en 3D que sigue la forma del viaje de aventuras, un descenso al inframundo con salida final a la reflexión metaliteraria, a la labor artística como ejercicio de exploración.
Su protagonista es una criatura fantástica, un expedicionario que hace honor a su nombre en su trazo filamentoso, mitad insecto, mitad mamífero (los ojos humanos). Sigue la pista de un hilo misterioso que recorre el interior de una isla y cuya inspección le deparará aventuras en escenarios extraordinarios, mundos de aspecto microscópico convertidos merced al arte proteico de Picard en grandes simas calcáreas, en bosques cristalinos, poblados de criaturas extrañas y sometidos a meteoros descomunales.
La edición, impecable, permite apreciar la confluencia de formas que hacen de Pataslargas un libro especial: la técnica decimonónica de la tridimensionalidad mediante anaglifos y lectura acompañada de gafas de cartón es reforzada por el uso del ordenador en el añadido de imágenes e inserción de cielos. El aire de película de cine mudo, el viejo mundo de Méliès y de Chomón, se mezcla con los videojuegos de pantallas y su modo de circulación por la doble página. El universo subterráneo de Julio Verne convive con el experimentalismo del Bruno Munari de De lejos parece una isla.