Cuenta el escritor peruano Gustavo Faverón que en esta nueva novela tenía la pretensión de hacer una historia corta, que abarcara menos que sus dos novelas anteriores, Vivir abajo y Minimosca. Lo ha conseguido. En Madame Vargas Llosa, publicada por la editorial Fulgencio Pimentel, firma una novela breve, pero inmensa, donde juega con los narradores, con la ficción y la realidad y donde reflexiona sobre cuestiones clave como la obsesión de los lectores o la violencia desaforada. Un autor de telenovelas, una habitante de las favelas, el cineasta Ruy Guerra y el escritor Mario Vargas Llosa protagonizan este relato que viaja de Perú a Brasil, que recorre distintas formas de narrar y que se plantea hacía donde irá la literatura latinoamericana después del Boom.
La novela está estructurada en cuatro partes, cada una narrada por un personaje distinto: una misma historia contada desde diferentes puntos de vista. Y es inevitable, por el título, por lo que cuenta la obra, ver ese homenaje —y también cierta ironía— hacia Vargas Llosa. Todo parte de una idea fascinante: una lectora que se anticipa a su escritor favorito. ¿Cómo llegas a esta “locura”?
Yo tenía el plan de escribir una novela breve. Después de mis dos novelas anteriores, que comenzaron como textos cortos pero terminaron convirtiéndose en libros de más de 600 páginas, quise imponerme algunos mecanismos para asegurarme de que no volviera a pasar lo mismo. Por un lado, me puse un límite de tiempo: en principio iba a ser un verano, pero al final, por distintos motivos, se redujo a un mes, cuatro semanas. Por otro, quería que fuera como una canción de los Beatles, Eleanor Rigby, con pocos personajes y una historia mínima, para evitar que se expandiera demasiado. Sin embargo, al buscar la voz del narrador, se me fue casi un cuarto del tiempo. En un momento dado, casi como un juego, conté la historia con una voz inspirada en Vargas Llosa —sobre todo en novelas como El hablador o La tía Julia y el escribidor—. A partir de ahí surgió el personaje: una mujer trans en Río de Janeiro en los años 70, fascinada con Vargas Llosa, que descubre que solo hay tres novelas publicadas y sabe que la siguiente será La guerra del fin del mundo, ambientada en Brasil. No puede soportar la espera y decide escribirla ella misma… y termina dedicando gran parte de su vida a escribir las novelas futuras de Vargas Llosa…
Fotografía de Carolyn Wolfenzon