La inmunidad ante lo insólito atraviesa cada una de las fábulas que Alejandro Morellón ha ido pergeñando cuando la banalidad y la intrascendencia se han convertido en dogma.

Si algo caracteriza los tiempos que corren en cuanto a posibilidades estéticas dominantes es que la diversidad narrativa y su inclinación a la versatilidad son más que evidentes. Desde el realismo sucio americano hasta la influencia de las vanguardias, la prosa de los cuentos ha adquirido a partir del boom hispanoamericano y las resonancias costumbristas de Chandler una elevación lírica en la que, como sucede en este conjunto de cuentos de Alejandro Morellón, la paradoja atraviesa cada uno de los argumentos.

La innovación de El peor de los escenarios posibles (Fulgencio Pimentel) es la caracterización de su estructura en la que el autor coloca a los personajes en situaciones extremas que se mueven entre lo grotesco y la deshumanización: un enorme cerullo se convierte en la atracción de toda una ciudad, unos furbies que obligan a sus dueños a desprenderse de cualquier atisbo de inocencia, los pasajeros de un avión que se someten a la peor de las premoniciones, un programa televisivo de casas de ensueño que, durante la reforma del sótano, da con un secreto marcado cruelmente por su contenido histórico, o un marido que se excita viendo vídeos de su propia infancia, son algunos de los ejemplos en los que la narrativa de Morellón indaga para revelarnos dos aspectos fundamentales de carácter sociológico y cuya verdad explícita da cuenta de la maleabilidad moral de los tiempos que vivimos. Cualquier disposición ética del sujeto está a merced de la mercadotecnia y la popularidad a cualquier precio: en primer lugar, el sujeto existe a expensas de los objetos, de la superficialidad que encierra en sí el producto y su consumo. Nada de lo que sucede en estos relatos surge por iniciativa propia de los actores, ya que es el reclamo publicitario, el afán de aparentar, la hipocresía más escabrosa y el consumismo compulsivo los que posibilitan que los sujetos medren hacia ninguna parte. O más bien lo hagan hacia su decadencia…

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11/04/2026
Mundiario