Un enemigo llamado chicle

¿Absentismo? ¿Falta de respeto? ¿Padres despreocupados?… Se equivocan. El peor enemigo de la escuela es ¡el chicle! (No se rían por favor, que esto es muy serio) Desde mi época de estudiante hasta el día de hoy, la goma de mascar es la protagonista indiscutible de las aulas. Que si parecen rumiantes, que si esos ruiditos que hacen con la boca son asquerosos, pompas por aquí y pompas por allá… No sé qué le pasa al chicle pero casi ningún maestro lo deja en paz.

Muchos piensan que la prohibición del chicle sólo se da en la educación primaria y secundaria, pero les diré que la Maruja, cierta profesora que impartía geobotánica en mis años de universidad, detestaba ver a sus alumnos dándole que te pego a la mandíbula. Se ponía negra viendo las muecas que algunos se marcaban, llegando al punto de amenazarlos con expulsarlos del aula. “¡Lo peor de todo es que se ponen ustedes feísimos!” añadía mientras el otro escupía el cadáver en la papelera.

Ahora en serio… Pero, ¿qué serían de las cantinas si no vendieran chicles? Seguramente se sumirían en la más absoluta ruina (pues una vez hice un cálculo, así, por encima, y concluí con que se vendían unos setecientos chicles al día…). La peor parte se la llevan las limpiadoras (a estas les doy la razón sin ningún tipo de paliativo) pues eso de que los críos vayan pegando las ya insípidas e incoloras plastas pegajosas sobre cualquier tipo de superficie, es una absoluta guarrería.

En definitiva, que el chicle, esa golosina que se remonta a la época de los aztecas, los mayas o los griegos, es el enemigo público número uno. Y es que desde que se empezó a comercializar en los Estados Unidos en el año 1848 (no se crean que fue ayer) ha traído de cabeza a todos…

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16/10/2019
Donde viven los monstruos