Hacia el final de la hilarante y surrealista novela de Gustavo Faverón, el personaje de Zebodé Anzesul –cuyo rasgo característico es el de susurrar historias al oído de aquellos que encuentra en su camino– le espeta a uno de los protagonistas: “escriba un libro que sea la historia de su vida y, como su vida está tan llena de ficciones, haga que esa novela sea también un relato acerca del poder de las historias, sobre cómo las fantasías reemplazan a la vida y nos llevan a ser otros”.

Pues dicho y hecho. “Madame Vargas Llosa” es un alegato a los “cuentistas” en el mejor de los sentidos, una oda al placer de contar historias cuando las historias parecen estar ya todas contadas. Basta ver la trinidad de estrafalarios protagonistas: un exitoso escritor de telenovelas brasileñas sumido en la locura y la depresión por la muerte de su familia, un director de cine de autor de relativo éxito que en sus películas aborda el colonialismo y que convivió y bebió de la mejor generación de escritores latinoamericanos de los años 60 –Gabo entre ellos, y, finalmente, el propio Mario Vargas Llosa o, como mínimo, alguien que se le asemeja y que vive una vida paralela a la de él y a la de sus obras…

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23/04/2026
Diari de Tarragona