“Debe haber sido una vida muy bella, ser Mario Vargas Llosa”, dijo Gustavo Faverón (Lima, 1966) a la muerte del Premio Nobel de Literatura, de cuya obra es conocedor y admirador. Profesor de literatura en Bowdoin College, Maine, y autor de dos novelas tan abrumadoras como elogiadas, Vivir abajo y Minimosca, las dos publicadas en Candaya.

Guiado por el espíritu de MVLl, Faverón se retó a escribir una novela inspirada en Eleanor Rigby, la canción de The Beatles, para lograrlo, haría como su ídolo: se iría a Londres, investigaría, etc. Lo que sucedió por el camino fue que la novela cambió, o no le gustó el resultado de ese primer intento. Ese proyecto se transformó y acabó siendo Madame Vargas Llosa, publicada en Fulgencio Pimentel como la primera entrega de una serie, si nos fiamos del subtítulo, Más opio para el pueblo, I. Pero qué opio.

Madame Vargas Llosa tiene cuatro partes, cada una narrada por un personaje y cada una cuenta más o menos lo mismo pero desde puntos de vista distintos -imposible no ver aquí un guiño a algunos recursos que Vargas Llosa exploró y utilizó con brillantez. Los narradores son Madame Vargas Llosa (recomiendo no hacer atajos con el nombre, la novela es mucho más piruetista de lo que se puede pensar a priori); un cineasta, Ruy Guerra; Fittipaldi, un guionista de telenovelas que recibe su nombre por la rapidez con que entrega los guiones. Los tres se unen en un proyecto para una serie de televisión o tal vez una novela o una película, o las tres cosas, quién sabe. El título tampoco está claro, será: Reencarnación o Metempsicosis

Fotografía: Bowdoin College

Leer artículo completo
30/03/2026
La Lectura - El Mundo