Imaginen un río de aguas aparentemente tranquilas, reflejando en su superficie pedacitos de vidas quebradas, recuerdos breves de alegría y ese peso del pasado que siempre termina volviendo. Ese río es Cada Lunes de Aguas (editado en pasta dura por Fulgencio Pimentel), la ópera prima de Juan Montiel, galardonada con el Premio Internacional de Cuento Ignacio Aldecoa. Con la precisión de un artesano y la sensibilidad de un poeta, el antequerano disecciona la memoria individual y colectiva para ofrecérnosla en seis relatos que funcionan como pequeñas piezas de orfebrería narrativa, minuciosamente urdidas y cargadas de resonancias emocionales.

Desde esta perspectiva, el volumen se distancia de la simple reunión de cuentos independientes para configurarse como una obra orgánica, cohesionada por una atmósfera común y por una serie de constantes temáticas y formales que se relacionan entre sí. La experiencia de lectura busca involucrar al lector a partir de la introspección y la emoción contenida, sin apoyarse en recursos efectistas ni en la espectacularidad. El conjunto traza un panorama emocional oscuro, atravesado por un pesimismo soterrado que no llega a convertirse en nihilismo. Así, desde el conciso y perturbador «Ardides de Caín», que plantea desde el inicio la culpa y la herencia de la violencia, hasta el expansivo y contemplativo «Sintra [343]», donde el paisaje funciona como correlato del conflicto interior, Montiel va delineando un universo narrativo propio. Este conjunto de seis relatos mantiene rasgos reconocibles y sostienen una mirada humana, centrada en las tensiones íntimas que atraviesan a sus personajes…

Leer artículo completo
24/01/2026
Culturamas