Gustavo Faverón (Lima, 1966) no puede eludir sus raíces peruanas pese a llevar años afincado en Estados Unidos; en concreto, en Maine, donde es profesor universitario de Estudios Latinoamericanos. Autor de culto, aunque cada vez más popular, se ha hecho un nombre en las letras con las novelas ‘Vivir abajo’ y ‘Minimosca’, y presenta estos días en España ‘Madame Vargas Llosa’ (Editorial Fulgencio Pimentel), su último trabajo y seguramente el más accesible para el gran público. Aunque se le compara habitualmente con Roberto Bolaño o con el propio Vargas Llosa, tiene su propia marca, estilo o universo; en definitiva, una manera de narrar muy personal. Ha aprovechado su viaje para detenerse unos días en Logroño, donde trata de dar forma a su próxima novela, aunque se ha encontrado con un inconveniente meteorológico. «Solo puedo escribir mientras fumo, por lo que no puedo trabajar en interiores. Y estos días no puedo salir al exterior por el calor. Así que creo que esperaré a volver a Maine para empezar a escribir», se resigna en entrevista con EL CORREO durante una breve visita a Bilbao.
El año pasado, Faverón quería escribir una novela breve y se puso manos a la obra poco después de la muerte de su amigo Vargas Llosa, en un juego literario en el que pensó en primer lugar en imitar el lenguaje y la voz del autor de ‘Conversación en La Catedral’. «Tenía una especie de fantasía acerca de escribir yo una futura novela de Vargas Llosa. Pero finalmente se me ocurrió introducir un personaje que se pone a intentar anticipar las futuras novelas que iba escribiendo en la realidad Vargas Llosa, solamente porque quiere leerlas lo antes posible». Y ahí entra la mujer que da título a la novela, una brasileña que vive en una favela y que, no solo trata de imitar al escritor peruano, sino que se traviste como él.
A partir de este extravagante personaje, escribió la novela en un mes. «Siempre escribo muy rápido y escribo solamente los veranos. El resto del año tomo notas. Me puse de plazo un único verano y al final la escribí en agosto. Tuve la tentación de alargarla, pero al final la corté y pensé que lo que voy a hacer es continuar con un conjunto de novelas que se van a integrar como si fueran una única. No una saga en el sentido clásico, porque la segunda no va a ser la continuación de la primera, pero sí habrá conexiones entre personajes», detalla…
Fotografía de Luis Ángel Gómez para El Correo