La erupción del volcán Tambora en 1815 se conoce como la mayor erupción volcánica que ha sufrido el ser humano. La intensidad de la explosión de este volcán provocó una nube de cenizas que llegó a la estratosfera y, como no se pudo dispersar por el viento, provocó un enfriamiento de la atmósfera. Por eso, se dice que el año 1816 fue el año sin verano.
Así precisamente se llama el nuevo libro de Cristina Sardá, El año sin verano ya que, al igual que con La vaca, el médico y el hijo del jardinero, toma como punto de partida un hecho histórico que es tan insólito y rocambolesco que parece más una anécdota, para contar una historia fascinante sobre un descubrimiento (o varios), un personaje (o varios), o un momento determinante (o varios) que va y viene de un siglo a otro, de un país a otro, sin perderse ni alterar el proceso narrativo en ningún momento; que se va enriqueciendo a medida que avanza con la introducción de otros descubrimientos, personajes o momentos históricos, a veces alejados en el tiempo o el espacio, pero siempre tan perfectamente interrelacionados que una tiene la sensación de estar leyendo una única historia. Y es que, en realidad, eso es precisamente de lo que se trata, de la Historia con mayúscula (o una pequeña parte de ella), y esta no puede contarse sin tener en cuenta todos los factores, todas las circunstancias que se dieron al mismo tiempo…