De momento no habían llegado a España muchas noticias de la obra del escritor argentino Fernando Garriga, autor de una ya larga trayectoria que incluye unas cuantas novelas (Cumpleaños en la isla, Casi una novela japonesa) y otros tantos volúmenes de relatos (Escuela para ciegos, Continuidad de la obra). La editorial Fulgencio Pimentel publica ahora su último libro, que contiene el relato ganador de la quincuagésima cuarta versión del premio de cuento Ignacio Aldecoa: “Un bucle de tiempo”. Contar con estos cuentos es, desde luego, una muy buena noticia para los lectores y amantes del género.
Quizás sea el peso de la tradición narrativa argentina lo que sosiega en la prosa de Garriga cualquier exabrupto, cualquier floritura, como si, al narrar, el autor jugara una compleja partida en la que restaran pocos huecos desocupados, pocas movidas sin ser exploradas. Es un estilo de frases cortas, precisas, descriptivas, que me recuerda al norteamericano Ted Chiang.
En ambos autores, parece que asistiéramos, más que a un relato, a la serena exposición de un teorema destinado a demostrar la erosión definitiva de la cordura del lector. El cuento que abre el volumen –“Un bucle de tiempo”- es, justamente, uno de estos ejercicios de indagación escheriana en los límites de la coherencia narrativa. Allí, un hombre escapa de un manicomio, donde se juzga injustamente recluido, para acabar a la espera de un destino tan incoherente como escalofriante. Todos los pasos que lo llevan allí son, sin embargo, sólidos como la piedra…