Gustavo Faverón (Lima, 1966) es dueño de una literatura torrencial. Sus libros son los ríos que no solo van a dar en la mar, también acogen infinidad de afluentes y meandros, e incluso, en un prodigio de la naturaleza, regresan para contar lo mismo pero de otra manera, se detienen abruptamente y mezclan unas cosas con otras juguetonamente para pasmo del lector, que acoge el resultado con la boca abierta, hechizado.
El autor peruano, como un mago de feria o un cuentacuentos en Marrakech, mezcla géneros, centenares de historias (en sus dos novelas anteriores, ‘Vivir abajo’ y ‘Minimosca’, verdaderas catedrales narrativas, los numerosos relatos que se entretejen darían para armar sendas novelas) y regresa ahora con ‘Madame Vargas Llosa’ (Fulgencio Pimentel) en un formato menos apabullante, pero igualmente laberíntico y divertido. En él se dan cita, entre otros personajes de ficción, Mario Vargas Llosa y el cineasta brasileño Ruy Guerra, en el momento en que colaboraron para llevar al cine el clásico ‘Los sertones’, de Euclides da Cunha, un proyecto fallido que el premio nobel reconvirtió en su obra maestra ‘La guerra del fin del mundo’…
Fotografía de Ricard Cugat para El Periódico