Bergman se volcó en la escritura, entendida como la creación de textos que no pretendía filmar, con las mismas intenciones y obsesiones que le llevaron a ser el gran maestro del cine sueco, y uno de los cineastas imprescindibles del siglo XX. Ahora, Fulgencio Pimentel cierra la llamada «trilogía familiar» con la publicación de ‘Confesiones privadas’, a la que antecedieron ‘Niños de domingo’ y ‘Las buenas intenciones’…
Fotografía: Ingmar Bergman © La Opinión de Málaga