Ryan

Pudridero 2

Pudridero 2

Compras los derechos de esta cosa; traduces las cuatro memeces que dice; la envuelves como si fuera arte contemporáneo del fino; te la compran; no se enfadan; te la ponen por las nubes. Ahí has estao.

–UN AMIGO

Si humor = tragedia + tiempo, Ryan trata de acortar los plazos en la medida de lo posible.

–JULIO SORIA (DOZE MAGAZINE)

Leyendo Pudridero uno siente hasta qué punto el gozo de leer un tebeo tiene que ver con contemplar una sucesión infinita de relaciones de causa y efecto.

–SAMMY HARKHAM

Ha llegado otro letal e implacable engendro al planeta de la deformidad y el excremento, y anda buscando al Carantigua: El pudridero no es lo bastante grande para los dos, amigo. Ajeno a la aparición de su perseguidor, el protagonista de la saga empleará sus expeditivos métodos para escapar de las garras del Calígulon, una especie de engendro biomecánico que trata de controlar su mente… como si en la mente del Carantigua hubiera algo más que sed de sangre. La orgía de fluidos corporales alcanza cotas de tratado quirúrgico, la tensión aumenta y comienza a atisbarse lo que podría ser una trama.

Si en la primera parte de Pudridero ya asistíamos a un espectáculo alucinado de violencia y mal gusto sin sentido, Johnny Ryan (Boston, 1970) hace suyo en esta segunda parte el famoso precepto cinematográfico de empezar con un terremoto y a partir de ahí seguir subiendo la apuesta. El iconoclasta Ryan revisita el underground y la serie B de los 70s y los devuelve al terreno de la modernidad, despojándolos de socarronería posmoderna y situándolos en el lugar que les corresponde: el del derribo, el del espectáculo abisal y obsceno, hasta rayar lo intolerable.

Hasta la fecha, tanto en su país de origen como en España, hemos podido leer multitud de interpretaciones acerca de las intenciones –conscientes o inconscientes, explícitas o subliminales– de Ryan al pergeñar este engendro. En un magnífico artículo, Pepo Pérez recordaba las palabras de Susan Sontag: "Idealmente, es posible eludir a los intérpretes por otro camino: mediante la creación de obras de arte cuya superficie sea tan unificada y límpida, cuyo ímpetu sea tal, cuyo mensaje sea tan directo, que la obra pueda ser... lo que es". Es difícil saber si Ryan pretendía lograr algo así, pero no está de más recordar sus propias palabras sobre el particular: "Quería hacer un cómic donde hombres grandes, monstruos feos, se reventaran a hostias unos a otros (...) el tipo de cómic de acción o aventura que podrías encontrar si abrieras el viejo cuaderno de notas de un chaval de catorce años". No lo jures, Johnny. 

Editado en colaboración con Entrecómics Cómics.

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Abril 2013
Cartoné, 17 x 24 cm
240 páginas. B/N
978-84-939772-6-9
21 €

Johnny Ryan

Johnny Ryan

Johnny Ryan (Boston, 1970) es uno de los autores del panorama alternativo estadounidense más reputados y repugnantes. Sus estudios universitarios de literatura inglesa le sirvieron en gran medida para deletrear sin errores los nombres de las enfermedades venéreas y los distintos tipos de fluidos emitidos por el cuerpo humano. Hacia mediados de los años 90 comenzó a publicar por su cuenta y riesgo el cómic Juventud cabreada, que, apadrinado por Peter Bagge, acabó por editar Fantagraphics, la editorial alternativa americana por excelencia. En Juventud cabreada, Ryan destila la incorrección política más hiriente y un grafismo tan explícito que raya en lo vomitivo, siempre a desenvolviéndose en el ámbito de la historia corta y la viñeta de humor gráfico. En 2009 el dibujante dio un golpe de timón creando Pudridero (Prison Pit), una serie de novelas gráficas que suponen un salto cualitativo en su producción, tanto por su evolución gráfica como por el cambio de tercio narrativo y la mutación en el tono. Pudridero provoca de todo menos risa, aunque al cerrar sus páginas no se pueda evitar la sensación de haber asistido a una gran broma.

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