Andréi Platónov
Andréi Platónov

En Platónov no hay palabras […] es una lengua nacida de nuevo. […] Cada una de sus frases conduce al idioma ruso a un callejón sin salida semántico. […] A los demás autores los podría definir de un modo o de otro, pero a Platónov lo veo como un hombre que por primera vez separa los labios, y por eso lo considero como un autor profundo, el más profundo.

—JOSEPH BRODSKY

Nos encontramos ante un autor de talla universal.

—JORGE SEMPRÚN

Andréi Platónov (Vorónezh, 1899–Moscú, 1951) es considerado hoy como uno de los más grandes escritores en lengua rusa de todos los tiempos, tanto por su hondura como por su innovador y singular uso del lenguaje. Platónov no solo anticipó el existencialismo y elaboró su propio concepto de la filosofía del absurdo, sino que su insólito uso del lenguaje sigue resultando sorprendente y profundamente evocador un siglo después. Gorki y Hemingway lo alabaron en su día, y Joseph Brodsky lo equiparó a James Joyce, Robert Musil y Franz Kafka. Según el premio Nobel, la censura sobre la obra absolutamente rompedora de Platónov provocó un retraso de 50 años en la evolución de la literatura rusa. Aunque se lo ha comparado con Dostoyevski por su uso del simbolismo cristiano y la filosofía, en toda la literatura rusa no existen ni antecedentes ni sucesores del trabajo de Platónov, ajeno a cualquier tradición literaria.

En 1919 comienza a publicar poemas y cuentos, además de artículos periodísticos, y se convierte en una estrella local aunque, haciendo uso de sus estudios de ingeniería, no deja de trabajar con la corriente eléctrica para mejorar las condiciones de vida de sus compatriotas y de registrar patentes. La hambruna de 1921 causa un gran impacto en él y disminuye su presencia en prensa para centrarse en la lucha contra la sequía. Comienzan entonces sus conflictos con la burocracia y los organismos estatales. En 1927 se publica su primer libro de cuentos, Las esclusas de Epifán, que llega a manos de Maxim Gorki y recibe su entusiasta aprobación. Sin embargo, este primer éxito de crítica se revela precipitado: el resto de manuscritos que atestan su escritorio se estancan, y para tratar de solucionarlo Platónov envía en 1928 una nueva novela a Gorki, Chevengur, que en esta ocasión no logra el beneplácito del veterano escritor. Es más, algunos de sus ensayos y cuentos despiertan el recelo de la élite política, y muy significativamente, su relato Las dudas de Makar provoca la ira de Stalin. A partir de ese momento, Platónov se convierte en un autor hostigado. En 1929, el escritor comienza la redacción de una de sus obras cumbre, La excavación, que no se publicaría hasta cuarenta años más tarde, en París. Más que austeras, las condiciones de vida de Platónov son miserables, a lo que se une la precaria salud de su hijo. Otro de sus cuentos, En provecho, recibe de nuevo las críticas de Stalin, que dedica a Platónov epítetos como «imbécil», «hortera», «canalla» y «agente de nuestros enemigos». El escritor escribe una carta al «crítico literario supremo» en la que condena su propio relato, en un intento de resucitar para la vida civil y literaria. No lo consigue.

Tras su segundo viaje a Turkmenistán, en 1935, Platónov escribe Dzhan, la obra con la que espera volver al seno de la literatura soviética, y en 1937 por fin aparece en su país una segunda antología de sus cuentos, El río Potudán. Regresa al periodismo y ven la luz algunos relatos más, en lo que parece una rehabilitación de su figura, pero la represión del estado cobra una forma mucho más cruel: su hijo Platón, de quince años, es detenido y acusado de participar en un complot para derribar el poder soviético. Gracias a la mediación de Mijaíl Shólojov, Platón se libra del fusilamiento, pero lo envían a un campo de trabajo en Siberia del que volverá enfermo de tuberculosis.

En 1942, durante la invasión alemana, Platónov es enviado al frente como reportero y cronista de guerra. Mientras tanto, su hijo fallece en Moscú debido a la enfermedad contraída en Siberia. En 1944, tras sufrir tifus y neumonía, Platónov es consciente de que ha sido contagiado por su hijo. Los pocos relatos que consigue publicar reciben críticas airadas de las voces afines al gobierno y, en ocasiones, son las mismas personas que bloquean sus publicaciones (Aleksandr Fadéyev, en concreto) las que se encargan de hacerle llegar, furtivamente, subsidios especiales y pensiones para que pueda sobrevivir, hasta que muere en 1951.

El deshielo de Jrushchov permite al fin, a partir de mediados de los años sesenta, que se publiquen, debidamente adulteradas por los censores, muchas de las obras inéditas de Platónov. Los originales, escritos a lápiz, sobre retazos de papel, en los reversos de manuscritos inacabados y de poemas juveniles, permanecen inéditos hasta el trienio que va de 2009 a 2011, cuando las Obras selectas de Platónov son recopiladas por fin en ocho volúmenes en Rusia.